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El Papel y su Conservación

    El papel está con nosotros desde hace unos 2000 años. Está formado por fibras de celulosa, que le darán más resistencia cuanto más largas sean. En un principio era fabricado a mano, hoja a hoja, utilizando fibras de cáñamo, lino, algodón o similares, consiguiéndose papeles químicamente estables y de gran longevidad. A partir del siglo XIX se comenzó a fabricar papel a base de pulpa de madera, de fibras más cortas y debilitadas, y que además contiene componentes que activan su propia degradación, como la lignina y los encolados ácidos.

    Los libros, documentos gráficos, manuscritos, periódicos, carteles, planos, grabados, dibujos, acuarelas, etc, representan la diversidad de un patrimonio documental que, dada su naturaleza común, está sometido a los mismos riesgos de deterioración. El papel, como material orgánico, es muy sensible al entorno en que se encuentra. El calor, la luz, la humedad y el polvo aceleran su deterioro y la creciente polución afecta cada vez más a su conservación. Además, nuestra propia acción directa, tanto por medio de manipulaciones inadecuadas como por malas técnicas de conservación, no sólo pone en peligro la integridad del papel, sino que muchas veces le ocasiona daños irreversibles.

    Las condiciones elementales para una buena conservación son la protección contra la luz, el control de la humedad y temperatura ambiental y una manipulación adecuada, empleando siempre materiales de óptima calidad.

    La luz, tanto la solar como la artificial, afecta de forma directa a los componentes del papel y a las tintas y pigmentos empleadas. Hay que tener en cuenta que aquí en las islas Canarias la intensidad de la luz es bastante alta y, por tanto, su acción destructiva es mucho más rápida. Basta ver como queda un periódico olvidado al sol después de unos días. Este sería el efecto visible, pero lo que ocurre a nivel microscópico es en realidad fatal para su integridad, pudiendo llegar a provocar daños irreversibles. Por tanto, el control de los rayos ultravioleta (UV) es imprescindible para la buena conservación de documentos y obras de arte en general. La acción de los rayos UV sobre obras expuestas puede ser prevenida o minimizada manteniendo las salas de exposición y los almacenes protegidos de las dos principales fuentes de ondas UV: la luz natural y la luz artificial. Esto puede hacerse, entre otras opciones, utilizando cristales con filtro de UV, que pueden también ser utilizados a la hora de montar las obras en los marcos de exposición.

    También debemos tener en cuenta que las condiciones ambientales varían entre las diferentes islas y que incluso dentro de cada una de ellas dependen de la orientación (norte/sur) y de su localización (costa/montaña). Por lo tanto, es muy difícil encontrar una propuesta de control ambiental general adecuada para todos estos microclimas. Además, las condiciones ambientales también tienen un efecto indirecto sobre la conservación del papel, influyendo sobre el desarrollo y la capacidad destructiva de insectos y hongos. Por si mismo, el clima subtropical de las islas es perfecto para su desarrollo, pero puede serlo aún más si les proporcionamos oscuridad, poca ventilación, alta humedad relativa (superior al 65%) y una temperatura entre 25°-30°C. Para evitarlo, debemos tratar de mantener las obras en condiciones de temperatura y humedad relativa constantes, de 18°C y 55% respectivamente, en ambientes bien aireados, preferiblemente en un área del edificio que tenga orientación Sur, aunque siempre teniendo cuidado de evitar una exposición excesiva a la luz. En las islas es frecuente la utilización de edificios históricos para su uso como espacios de exposición de obras de todo tipo o incluso de almacenaje. A pesar de su belleza y valor arquitectónico, estos edificios no reúnen por lo general las condiciones básicas para estos fines. Simplemente no fueron diseñados para ello, por lo que a la hora de su posible utilización, sobre todo en el caso de patios y espacios abiertos, debemos pensar sobre su adecuación a la exposición de obras. Deberíamos evitarlos en el caso de obras de arte sobre papel o, al menos, buscar siempre los espacios más protegidos, o incluso cerrarlos temporalmente, aunque sólo sea con cortinas de tela, por poner un ejemplo.

    El almacenaje de documentos y obra gráfica es otro de los puntos críticos para la buena conservación de las obras. En cuanto a materiales, siempre debe utilizarse papel, cajas o carpetas libres de ácido y de lignina, y si es posible con carga alcalina, empleados a modo de barrera, y en el caso de tratarse de varios documentos, separando las obras por medio de hojas adicionales. Para obras montadas en marcos de exposición habrá que evitar siempre el contacto de éstas con el cristal, utilizando cuñas o passe-partouts de grosor adecuado. El montaje debe hacerse utilizando cintas especiales de montaje, inertes, así como cartones para passe-partouts y fondos de marco con reserva alcalina. Debe evitarse siempre el empleo de cintas adhesivas, grapas, clips de metal, cintas de goma, etc., ya que éstas dañan el papel debido a los adhesivos y materiales que contienen. Las degradaciones más frecuentes con las que nos enfrentamos los restauradores son causadas por el uso de malas técnicas de montaje y la baja calidad de los materiales empleados.


Los factores más importantes en la preservación de nuestras obras son, en primer lugar, el mantenimiento de unas condiciones ambientales apropiadas y, en segundo, la utilización correcta de materiales y técnicas de montaje y conservación para el mantenimiento de las obras en óptimo estado.


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